...Y Berlanga decidió tomar pastillas contra el dolor ajeno

Si algo hace grandes a las personas es su carisma y singularidad. Algo que le sobraba a Luis García Berlanga. Cineasta, Académico y Erotómano confeso. Un valenciano inconformista que supo plasmar como pocos a la sociedad española durante más de 50 años, con un estilo propio acuñado para la posteridad.

Y es que decir que algo es Berlanguiano no hace más que referenciar a toda una gran elucubración. Fórmula de díficil reproducción si no parte de su propio creador, compuesta de plano secuencia repleta de diálogo coral esperpéntico, aderezada con gotas de ácido y costumbrista humor, pasada por el filtro de la improvisación, en el intento de ajustar una rocambolesca situación de personajes. Como resultado: un genial reflejo de crítica social.

Tú puedes ser la diferencia real entre la vida y la muerte

Por desgracia, nuestra vida cotidiana no suele terminar casi nunca con el famoso 'happy end' de las películas. Ese "final feliz" al que el celuloide nos ha tenido tan acostumbrados a lo largo de la historia del Cine. Ese final que siempre ha sabido dejarnos con un agradable sabor de boca nada más salir de la sala de cine.

Una de las particularidades más interesantes hacia el espectador de las que hace gala el Cine, es precisamente la de la identificación con los personajes que estamos viendo en la pantalla. La propia historia que se cuenta, interpela al espectador para que se involucre en el proceso de la narración. Que éste sea partícipe del relato visionado.