El apunte de la nueva temporada depende de un boli 'Bic'

Septiembre ya está aquí. Con su aroma a hojarasca mojada. Con el sonido del nuevo curso, fundido entre infantiles griteríos y empecinados timbres escolares, que aglutinan hacia el redil a esos locos bajitos.
La nueva temporada ha comenzado, y con ella, los nuevos horarios, las nuevas citas, las ingentes reuniones, los deberes de la tarde...

Es con la nueva temporada cuando medios de comunicación se afanan en el cambio de imagen. En la estructura que rige la nueva parrilla de programación, donde nuevas caras, series y formatos audiovisuales relucen de nuevo para hacernos más agradables los momentos de ocio e información.

Se trata de toda esa parafernalia que, como en nuestra vida diaria, hace mover de nuevo la maquinaria para afrontar un nuevo curso. Una nueva propuesta laboral en la que no faltan las buenas intenciones. Una concienzuda intencionalidad para conseguir los propósitos no alcanzados la temporada pasada... "De ésta no pasa: este año me apunto al gimnasio..." "Qué oxidado tengo este idioma, este otoño me matriculo en un cursillo..." "Ya está bien de coger el coche para ir a trabajar: este año utilizaré el transporte público..." "Sé que puedo: llamaré a mis padres todas las semanas..."

Todas y cada una de esas cosas, como tantas otras más, forman parte de nuestro día a día. De nuestro particular y social curso de temporada. Ya sea éste académico, laboral, personal e intransferible, son cosas que en su conjunto forman nuestra agenda personal. Nuestra agenda familiar. Nuestra agenda de vida social. Nuestra agenda institucional.
Para poder conseguirlas, tenemos que hacer uso, mal que nos pese, de la escurridiza memoria. Esa burlona cualidad que los humanos dejamos olvidada, valga la gracia, en los recovecos de la mente a medida que pasan los años. A medida que pasan las temporadas.
El problema viene dado cuando esa "falta de memoria" se asocia con la pereza, o su mejor amigo el "ya lo haré mañana", para acabarlo de arreglar. Una fusión que provocará, irremediablemente, que nuestra temporada termine tal cual empezó...

Pero como suele ocurrir en la mayoría de las ocasiones, en la sencillez se encuentra la respuesta. Nuestra agenda no necesita más que un compañero fiel para sentirse plena. Nada de modernos y tecnológicos 'geeks' que te dejan tirado en cuanto agotes su batería. Nada de complicados métodos de ejercitación de la memoria para recordar todo lo que vemos y escuchamos a lo largo del día.

Nada de todo eso como la sencillez que muestra un pequeño objeto al que le gusta jugar entre nuestros sufridos dedos. Mientras tanto, corretea incansablemente por las líneas de la horizontalidad. Le llamaron 'Bic' y por él no pasan los años. Más vale que tengas un boli a mano para tomar nota, porque las tres increíbles cosas que te van a contar ahora, sólo te las dirán una vez...



Si junto a la falta de memoria convive otro aguafiestas que no se olvida de estar presente cada temporada, cada nuevo curso, ese es Murphy. Que con su jorobante ley, intenta trastocar nuestros propósitos para que no caigamos en el aburrimiento, y tengamos que volver a empezar...
Claro está que la ley del puñetero Murphy mejor estaría si mal rayo le partiera. Pero como vino a éste sufrido mundo para quedarse sin posible remedio de exilio, tenemos que acostumbrarnos a ella. Así es que cuando tengas delante a una despampanante modelo 'starlett', que te indica rápidamente su número de móvil y dirección, más te vale tener a mano un boli, porque la ocasión "la pintan calva" y no se volverá a repetir.

Ni que decir tiene que si algún insensato científico se brinda a facilitarte la millonaria fórmula de la carbonatada bebida refrescante más codiciada de todos los tiempos, desearás tener algo con que apuntarla, amigo.
Pero no tendrías perdón de Dios si ante ti te brindaran la oportunidad de contemplar "el Mapa de la Verdad", ese que encierra la misteriosa ruta hacia el mismísimo Santo Grial, y no tuvieras con qué tomar notas...

Claro está que la perfeccion no existe. Y hasta los de 'Bic' lo saben. Y es que sobre su ocurrente campaña de temporada para rescatar una herramienta tan sencilla como útil, planea en nuestro pensamiento otra realidad. Y es que hubo antes que el "boli" un estilizado y rectilíneo señorito que ostenta el privilegio de la captación de notas y la singularidad del dibujo. Que no es otro que el lápiz, el cual con su corazón de carbón, ya lindaba desde hace siglos entre latentes pergaminos y papeles varios.

Ahora bien, como los tiempos no paran de correr, y las temporadas no dejan de sucederse, tanto a la sencillez del lápiz como a la utilidad del bolígrafo, les salió años después un competidor, que quiso ser marcador indiscutible del subrayado y sombreado sin parangón. A éste último le llamaron rotulador, con la característica inicial que de allí por donde pasara, dejaría "huella permanente".
De ahí que desde entonces sea siempre necesario utilizar las convenientes herramientas de la marcación, el apunte y el dibujo, con cautela y miramiento.
No sea cosa que escogiendo una que se pasa de permanencia, vayamos a liarla sin remedio. A no ser que con ello te vaya la vida, y ese singular rotulador sea capaz de arrancarte de las permanentes garras de la muerte...



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2 comentarios:

Adrian dijo...

Me gusta esa visión pragmática del mundo de los apuntes.

Nada de aparatos electrónicos esclavos de la energía y el consecuente gasto económico que le acompaña.

Fácil, sencillo, barato y minimalista, algo tan simple como tener la triada en un bolsillo (lápiz, papel y bolígrafo).

ooOJotaEmeOoo dijo...

Resulta que en muchas ocasiones, es el pragmatismo el que nos ofrece respuestas prácticas para afrontar la vida con sencillez. Como si del uso del lápiz y el papel se tratara, la sencillez en su manipulación nos permite plasmar por escrito complejas respuestas que podremos consultar en el futuro. Eso sí, siempre y cuando sepas dónde guardaste tu libreta... ;)

Gracias, Adrián, por tu "apunte".
Saludos.